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El Sentido de la Ubicación

Después de haber vivido en California toda mi vida, al terminar mis estudios en la universidad pasé seis meses trabajando en un proyecto de investigaciones en Panamá. Siempre me ha encantado la aventura, y el vivir en el extranjero sólo sirvió para intensificar mis deseos de recorrer el mundo. Cuando regresé a mi ciudad natal del Sur de California, inmediatamente comencé a soñar de mi próxima aventura ecológica. Quizás iría a Chile, o Europa, o Alaska, o el este de los Estados Unidos.  Las posibilidades parecían infinitas y a pesar de los rumores incesantes en enero del año  2020 sobre una enfermedad extremadamente infecciosa, yo utilizaba mi tiempo día tras día escribiendo cartas solicitando empleo, completando formularios en línea, y furiosamente deseando conseguir un empleo que me permitiera salir de California.

En un impulso, solicité un puesto de internado local en la agencia encargada de la Zona Recreativa Nacional de las Montañas de Santa Mónica. En tal puesto, haría investigaciones de la vegetación, pensando que ese trabajo sería temporal solamente, y que seguiría buscando otros puestos de trabajo disponibles. Ni siquiera se me ocurría que este internado cambiaría por completo mi perspectiva sobre lo que es tener una aventura.

Padre’s Estrella Fugaz

Aunque este puesto no estaría ubicado en la tierra lejana de mis sueños, al comenzar una semana después, se despertó en mí el entusiasmo de trabajar al aire libre, y en las montañas queridas de mi niñez.  La casa en que crecí estaba apenas a cinco minutos a pie de los senderos en los que ahora trabajaría. De hecho, pasé la mayoría de los años de mi juventud gozando de caminatas con la familia y soñando de cómo podría sobrevivir de la naturaleza que me rodeaba. Hasta llegué a hacer investigaciones para averiguar cuáles plantas eran comestibles, cuáles poseían cualidades medicinales, y cuáles podrían utilizarse para hacer canastas, agujas para coser o para construir viviendas.

Al ir dejando mi juventud, iba perdiendo también mi fascinación con los recursos casi infinitos de los montes que me rodeaban. Y, aunque todavía amaba a mis montañas, paré de ponerles atención. A menudo corría varias millas por los senderos sin dedicar ni siquiera un segundo para gozar de la complejidad de la naturaleza que me rodeaba. Cuando estaba en la universidad, tenía aún menos tiempo para recrear, y en aquellas escasas oportunidades que tenía para ir de excursión, a menudo escogía nuevos senderos en nuevos lugares.

El internado me dio no sólo la oportunidad de pasar una cantidad significativa de tiempo en las montañas, pero de más importancia, me forzó a observar a los detalles complejos que formaban el mundo que me rodeaba.  Bajo el tutelaje de dos increíbles botánicos, aprendí más sobre las montañas en dos semanas de lo que había aprendido en los quince años anteriores. Al nombrar la vegetación que lindaba los senderos, los ecosistemas de repente se enfocaban con claridad, como si me pusiera anteojos por primera vez en mi vida. Lo que anteriormente había sido un borrón verde con puntos de color, lentamente se cristalizó en un diverso y complejo despliegue de hábitats y fuentes de alimento.

Comencé a desarrollar una relación con la tierra. Pequeños brotes de mis plantas favoritas me provocan tanta ternura como el ver a un dulce cachorro. Y cuando me atravieso con alguna planta invasora arraigada en lo más profundo de un ecosistema bien preservado, una ira repentina se apodera de mí, y me siento obligada a arrancarla. De más importancia, sin embargo, ahora, siempre que dedico tiempo a descansar, observar y escuchar, siento mi pecho erguirse con el mismo orgullo, sentido de ubicación, y tranquilidad que pudiera evocar alguna canción o escena de película conmovedora. El mundo parece decir  ‘Este lugar es tuyo, tú eres parte de él’.

Makenna Brown

Cuando Covid-19 llegó con furia a California, eliminando la posibilidad de salir al extranjero, no sentí una pérdida profunda. Había encontrado la aventura que desesperadamente buscaba en el mundo que ya conocía. De hecho, me he enamorado tan profundamente de la vegetación y los ecosistemas del Sur de California, que ya no tengo deseos de irme a otro lugar. Cambié mi enfoque a intentar a encontrar empleo en California. ¡Sorpresa¡ Después de varios meses de solicitar diferentes empleos, tuve la dicha de haber recibido la oportunidad de trabajar como técnica en restauración de la Fundación del Cañón  de Laguna. Aquí, tengo la oportunidad de ayudar a restaurar la diversidad ecológica en áreas que habían sido campos repletos de plantas invasoras, y esto me brinda una felicidad sin medida. Cada día presenta su propia aventura, una incursión a los detalles que contribuyen a un ecosistema sano y puro, y me considero dichosa por poder ser parte de este trabajo.

Así que, al continuar con lo que parece ser una eternidad sufriendo las consecuencias de Covid, les ruego que pongan atención a lo que les rodea. Quizás no sean las plantas lo que les provoque la sensación de estar conectados con sus alrededores, quizás sean los pájaros, o las nubes, el musgo o los hongos. Quizás sencillamente será la tranquilidad, el abandonar al mundo y sus ruidosos negocios, mientras que tú observas y gozas de la naturaleza. Sea lo que sea, espero que encuentres una aventura en los detalles y al hacerlo, descubras el sentido de ubicación y alegría.